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Cuba se debate entre los reformistas y la vieja guardia ortodoxa

Cuba Foto: ANA GUELLER / REUTERS / AFP

César González-Calero

A ritmo del cangrejo, la revolución cubana se prepara para vivir una etapa decisiva en su medio siglo de existencia.

Angustiado por el fantasma del "período especial" de los años 90, el presidente Raúl Castro ha vuelto la mirada a esa década, cuando el régimen, sacudido por la crisis que generó el derrumbe de la Unión Soviética, abrió tímidamente la mano a la iniciativa privada, el turismo y las inversiones extranjeras.

Quince años y varias operaciones de Fidel Castro después, Cuba vuelve a debatirse hoy, más por necesidad que por convicción, entre el aperturismo demandado por la sociedad y el inmovilismo de la vieja guardia.

En las últimas semanas, Cuba ha sido un hervidero de noticias. Primero se produjo el insólito diálogo entre el gobierno y la Iglesia, que derivó en un proceso de liberación de presos políticos todavía en marcha. Días después, y tras cuatro años de convalecencia, Fidel Castro reaparecía públicamente "totalmente recuperado" de la dolencia intestinal que lo alejó del poder en julio de 2006. Y a principios de mes, Raúl anunciaba algunos "ajustes" al modelo económico para hacer frente a la parálisis productiva que sufre la isla.

A Raúl se lo esperaba desde el 26 de julio de 2007. Un año después de haber asumido las riendas del país, el general reconocía que el país no daba para más. Se hacían necesarias "reformas estructurales y de concepto".

Durante tres años, la única reforma aprobada fue la entrega de tierra ociosa en usufructo a campesinos privados. Una experiencia que no ha dado buenos resultados debido a la catarata de imposiciones y trabas que lleva aparejada.

Ahora, el régimen se ha decidido a poner un poco de orden en el superpoblado aparato estatal, donde sobran -según sus cálculos no reconocidos hasta ahora- 1,3 millones de trabajadores.

La idea, esbozada por Raúl en la Asamblea Nacional el 1° de agosto, es reducir las plantillas progresivamente y revisar los "gastos improductivos" asociados al empleo estatal. Para absorber parte de ese excedente laboral, Raúl Castro ampliará las licencias al trabajo por cuenta propia, que comenzaron a otorgarse en los años 90 y fueron congeladas más tarde.

A día de hoy, sólo 150.000 personas son "cuentapropistas" en una isla de 11 millones de habitantes. Además, el gobierno busca impulsar el turismo y la inversión extranjera con una serie de iniciativas, como la construcción de 16 campos de golf con capital mixto (estatal y foráneo) o la venta de viviendas para extranjeros en esas instalaciones turísticas. Se trata, en definitiva, de una reedición de aquella apertura de los 90, que fue frenada en seco por Fidel Castro a principios de esta década. De la mano de una nueva cruzada ideológica -la "batalla de las ideas"-, Fidel (con la inestimable ayuda del venezolano Hugo Chávez) restauró la centralización casi total de la economía, al tiempo que acallaba las voces disidentes en la isla.

"La ampliación del trabajo por cuenta propia no es una reforma estructural; ya existía en los 90 y quedaba un rezago, pero sólo con esa medida va a ser difícil que Cuba resuelva su grave situación económica", advierte Carmelo Mesa-Lago, catedrático emérito de la Universidad de Pittsburgh.

Para este destacado economista cubano exiliado desde hace décadas en los Estados Unidos, los anuncios de Raúl Castro son insuficientes. "[El gobierno] va muy con cuentagotas, con muchas limitaciones y restricciones, y todavía no han explicado cómo va a ser esa ampliación del trabajo por cuenta propia o cómo piensan recolocar a 1,3 millones de empleados públicos sobrantes, una cuarta parte de la fuerza laboral", subraya Mesa-Lago, para quien la intervención de Raúl en el Parlamento "cayó como un balde de agua fría". "Fue un discurso de mínimos", se lamenta.

Más optimista, el economista disidente Oscar Espinosa Chepe cree que, después de varios años de gestión de Raúl, y de las demoras continuas a la hora de aplicar las reformas, "ahora parece que viene el proceso de cambio de verdad".

"Es la primera vez que vemos una luz tenue después de años de oscuridad; por eso creo que debemos apoyar que se siga por este camino", asegura el opositor, miembro del Grupo de los 75 y excarcelado en 2004 por motivos de salud.

Superada la fase de la "batalla de las ideas", cuyos programas ha ido desmantelando Raúl, poco a poco y sin hacer ruido, la pregunta que sobrevuela la isla ahora es si esos cambios anunciados por el mandatario ("ajustes al socialismo", en la terminología del régimen) irán acompañados de otras reformas de más envergadura, como la agraria.

Según los datos oficiales, la producción agrícola cayó un 7% en la primera mitad del año. Décadas de monocultivo de caña de azúcar dejaron las tierras improductivas y hoy, paradojas de la vida, la isla se ve obligada a importar azúcar de Brasil y de Colombia. La isla compra en el exterior el 80% de los alimentos que consume.

Mesa-Lago y Espinosa Chepe coinciden en que Cuba requiere de una reforma agraria en profundidad y con urgencia. "Hemos tenido la peor zafra [cosecha] azucarera en cien años, con poco más de un millón de toneladas; para producir con garantías, es necesario una reforma en la que el proceso de comercialización no esté controlado por el Estado", explica Espinosa Chepe.

Las fuerzas inmovilistas

A las voces que piden más apertura política y económica, se han unido, en los últimos tiempos, dirigentes y artistas ligados al oficialismo. Aún resuenan las declaraciones de Alfredo Guevara, representante de la generación histórica y preboste cultural durante décadas, pronunciadas en mayo ante universitarios: "Yo creo que aquellos a quienes les toca [realizar los cambios] están listos para dar el paso; lo importante es que ese paso se dé y que los interpretadores del futuro no tengan que decir: «Tuvieron que desaparecer [los dirigentes] biológicamente para que ese paso se diera»".

Hasta el diario Granma, correa de transmisión del PCC, abrió una sección hace más de un año en la que los lectores expresan sus inquietudes sobre el rumbo de la revolución.

El diálogo entablado recientemente entre el gobierno y la Iglesia Católica ha sido saludado casi de forma unánime como un cambio de actitud positivo del régimen. "Quiero confiar en que Raúl sea lo suficientemente pragmático como para dejar a un lado las ideologías y liderar un proceso gradual de cambios que promuevan la progresiva democratización de la sociedad", asegura Espinosa Chepe.

"Es un proceso esperanzador", coincide Mesa-Lago.

Pero las fuerzas inmovilistas no han tirado la toalla en la isla, ni mucho menos. Para ese sector del régimen, con Fidel Castro como cabeza visible, cualquier cambio, por pequeño que sea, supone una concesión a la "contrarrevolución" y al eterno enemigo: Estados Unidos. Dirigentes del partido y funcionarios de alto rango recelosos de perder sus privilegios actúan como guardabarreras del dogmatismo ideológico decretado por Fidel hace ya cuatro décadas.

Hoy, Cuba aguarda una nueva ofensiva, si no democrática, sí al menos "pragmática". Cuba espera a Raúl.

LA CUBA DE FIDEL

  • Liderazgo egocéntrico y ortodoxia revolucionaria
  • Centralización total de la economía
  • Confrontación ideológica permanente con EE.UU.

LA CUBA DE RAUL

  • Gobierno colegiado y sin personalismos
  • Tibia apertura a la iniciativa privada
  • Pragmatismo político para la continuidad del régimen

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En Venezuela mandan los cubanos

1 Desde que ascendió a la presidencia de la República, Hugo Chávez no ha ocultado su obsesión por asistir económicamente a Cuba, por cuyo líder histórico, Fidel Castro, expresa un enfermizo amor paternal, que alguna vez los historiadores tendrán que investigar a fondo. Este amor hacia la isla antillana se ve materializada con el suministro de más de 100 mil barriles de petróleo, que de manera habilidosa y muy capitalista, Cuba procesa y hasta vende en el mercado spot. Según los diversos acuerdos suscritos entre ambas naciones, Cuba cancela gran parte del petróleo recibido con el envío de médicos y entrenadores deportivos, amén de otros funcionarios, como los actuales escoltas del Presidente, agentes del G2, enditados en el hotel Alba y otras condiciones de pago, que para muchos analistas nunca será canceladas, porque sencillamente se trata de un “negocio chimbo” e el que pierden los venezolanos, que ven esfumar los ingresos petroleros hacia otras naciones.

2 Aunque el arribo al país de grupos de “asesores cubanos” se inició en 2001, la primera oleada importante llegó en 2005, cuando 35.000 cubanos ingresaron por Maiquetía en plenas elecciones legislativas y justo para comenzar la campaña electoral para la reelección del Presidente de la República en 2006. A partir de entonces, el hotel residencial Anauco, en el conjunto residencial Parque Central, en Caracas, y anexo al entonces Hotel Hilton (ahora Alba Caracas), fue ocupado por un número importante de estos “asesores cubanos”. Otros funcionarios fueron alojados en gran parte de los hoteles caraqueños –el Crillón, en la avenida Libertador, en Caracas, dicen, es un “territorio habanero”– pagados desde luego por el gobierno nacional, mediante la llamada “partida secreta” de Miraflores, que para eso son secretas.

3 Para no pocos analistas, por donde se examinen, los convenios de Venezuela con Cuba son puras pérdidas para los venezolanos. Se alega que Cuba no dispone de nada para ofrecer “que no tengamos ya en nuestro país o que podamos lograr por nuestra cuenta”. Por eso, en este “intercambio” Cuba se ve extremadamente beneficiada por la entrada de petróleo y divisas en dólares salidas del Banco Central e Venezuela. Todas estas consideraciones han sido expresadas con el debido respeto a la población cubana, sobre todo a los habitantes de la isla subyugada bajo una dictadura de más de 50 años y que luchan a diario por su supervivencia, comprendan la situación de este “karma” ideológico.

4 De hecho, en diversos reportajes periodísticos se ha dicho que el presidente Chávez ha llegado a desconfiar de sus Fuerzas Armadas, al punto que ha establecido un vínculo más estrecho con la milicia cubana, cuya presencia en el país es harto conocida. Se habla de expertos en inteligencia del G2, encargados de controlar los anillos de seguridad presidencial y hasta de las comunicacions, a través de Cantv y Movilnet; así como también han penetrado sectores estratégicos dentro de la Fuerza Armada y del gobierno central, incluyendo la sala situacional de Miraflores. Y ya se tiene la primera denuncia oficial al respecto. El general ( r) Antonio Rivero informó que los cubanos tienen participación activa en actividades estratégicas de las FAN: planificación, capacitación y entrenamiento. Lo más sorprendente es que el presidente Chávez aceptó esta situación. En su Aló Presidente 356 dijo que sí había cubanos en las filas militares, pero sólo prestaban ayuda. Pero, por si acaso hay otro efectivo molesto por la intromisión de La Habana en el mundo castrense, Chávez ordenó un aumento del 40% a los militares.


5 Cuba y Venezuela han creado, además de una ofensiva agrícola, más de 30 empresas conjuntas y más de 300 proyectos con inversiones multimillonarias desde 1999. Entre estos proyectos y empresas se destacan la ampliación de la refinería de Cienfuegos, un ambicioso proyecto petrolero que busca convertir la vieja infraestructura de tecnología soviética en un estratégico centro de refinación del crudo pesado venezolano. Este proyecto podría tomar años y millones de dólares en inversiones. La deuda que Cuba mantiene con Venezuela por la venta petrolera supera los 2500 millones de dólares. Los aportes de Hugo Chávez superan el 20% de los ingresos totales de la isla. Buena parte del petróleo que Pdvsa está enviando a Cuba, es negociado a través de acuerdos con compañías europeas que funcionan en Centroamérica. El impacto de los suministros cubanos es tan decisivo que Fidel Castro se ha permitido desafiar a la Unión Europea, y ha expresado su optimismo a pesar de la situación económica actual de la isla.


6 Desde 2001 se ha visto marcada evidencia en la cubanización de la educación en Venezuela, ya que grupos de educadores expertos se han encargado de asesorar el equipo del Ministerio de Educación en la elaboración del nuevo currículum y evaluando la calidad del sistema educativo. Es que al parecer, los anteriores gobiernos ocultaron la grandeza del Che Gevara, y dejaron de lado la experiencia educativa de Fidel Castro.


7 El jefe de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) cubana, Ramón Rodríguez, está a cargo del entrenamiento que en junio recibirán los efectivos venezolanos, a través de varios contingentes en forma rotativa. El objetivo de este entrenamiento es cumplir con lo establecido en la Ley de Policía Nacional, la cual ordena crear cuerpos policiales comunitarios con el objetivo de “promover estrategias y procedimientos policiales en las comunidades”. El ex agente de la inteligencia cubana, Juan Reyes Alfonso, asegura que una gran dosis de ese entrenamiento será formación política e ideológica.


8 Desde que el Presidente le permitió a los funcionarios cubanos que manejaran la información que se encuentra en la Onidex, se inició una brecha en la seguridad nacional. Pareciera que estos nuevos funcionarios trabajan de forma secreta, sin identidad reconocible. No sólo en la Onidex, sino también en los registros mercantiles y civiles, además de su presencia activa en el Seniat. Nadie sabe nada de ellos y ellos parecen saber todo de nosotros. La Habana ofreció apoyo tecnológico de asesoría y experiencia para el diseño de la Sigepol. La experiencia y el conocimiento policial de Cuba está catalogado por diversos organismos internacionales como “los más eficientes del continente” según el ministro El Aissami. Esta “asesoría” en el sistema policial evitará el otorgamiento indiscriminado de credenciales a funcionarios sin formación policial, gracias a los conocimientos de inteligencia que brindará estos expertos cubanos.


9 La idea de Castro es crear la unión política y administrativa de varios países de América Latina que se han rendido a sus ideas, la llamada, revolución y la integración Venezolana Bolivariana presidida por el Comandante Chávez. El objetivo de este bloque es crear un conjunto de países marxistas integrados, que progresivamente vayan funcionando como un solo país, hasta su instauración como tal, en el seno del cual sobreviva o perdure la dictadura castrista mucho más allá de la muerte del tirano. Esta “integración” desvela toda una situación concluyente si la revolución de Castro se desmorona inmediatamente tras su muerte, caerá irremediablemente sobre él la sentencia de la historia de que todo su proyecto revolucionario se debió única y exclusivamente a su imposición.


10 Ahora, para corroborar esta larga historia de sumisión a una potencia extranjera y de humillación a los venezolanos, el presidente Hugo Chávez anuncia la designación del comandante cubano Ramiro Valdés, como “asesor” en materia de energía eléctrica en Venezuela, lo que convierte a este reconocido represor, en superministro nacional, por encima del titular Alí Rodríguez. Valdés es calificado por miembros de la oposición anticastrista como el Beria cubano. Laurenti Beria fue el jefe de los servicios de seguridad del dictador soviético José Stalin. Valdés fue ministro del Interior entre 1961 y 1968 y posteriormente entre 1979 y 1985, y se le considera el diseñador de todos los aparatos represivos cubanos. Es el fundador del temible G-2, Dirección de Seguridad del Estado. Para conocer mejor a Ramiro Valdés hay que remontarse al período de 1961 a 1968, cuando una cifra no precisada, podría alcanzar los 10 mil cubanos, quienes fueron ejecutados en paredones de fusilamiento o fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales, una vez condenados a prisión. Al frente de esta acción revolucionaria estaba Ramiro Valdés.

TALCUAL DIGITAL

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La odisea de los médicos cubanos que se fugaron de Venezuela

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Juanes: El concierto del millón de cubanos

Las autoridades habían previsto una asistencia de medio millón de personas, pero los organizadores del concierto “Paz sin Fronteras” que se llevó a cabo en La Habana estimaron que más de un millón estuvieron presentes.

El cantautor colombiano Juanes señaló durante el espectáculo llevado a cabo en la Plaza de la Revolución que había vencido el “miedo” de viajar a Cuba en una aparente referencia a amenazas contra su vida en Miami, donde viven muchos exiliados anticastristas.

Vea el reportaje de la BBC en este video de BBC Mundo:

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La Habana como la quería el Che Guevara: destruida

Elizabeth Burgos

El escritor cubano Antonio José Ponte, en su última obra, La fiesta vigilada, realiza un diagnóstico de la situación actual de La Habana, que concluye con la afirmación de que la capital de Cuba es hoy una ciudad de escombro, de una guerra que nunca tuvo lugar y que es menos una ciudad viva, de un paisaje de legitimación política. Para el autor, las ruinas arquitectónicas son la representación simbólica de la ruina del régimen y de sus gobernantes. Y como para que no queden dudas acerca del balance realizado por la palabra escrita, los cineastas alemanes, Florian Borchmeyer y Matthias Hentschler, ilustran con imágenes la certeza de las palabras mediante un excepcional documental, Habana Arte nuevo de hacer ruinas, (vodpod.com ) (vodpod.com ) premiado en varios festivales cinematográficos que muestra la vida de unos habitantes de La Habana, que por falta de habitación, han fijado residencia en las ruinas de La Habana vieja. Documental conmovedor sobre la vida cotidiana de esos seres que han vivido durante decenios esperando la invasión americana, la revolución mundial, la realización del paraíso en la tierra, sin haberlas visto materializarse, y que hoy siguen viviendo a la espera sin saber de que, pero viviendo entre ruinas.

Lean: La Habana en ruinas, de Martha Colmenares

La obra de Ponte incita a recordar la evolución ejemplar de la capital de Cuba para medir el grado de deterioro que ha sufrido en los cincuenta años de castrismo. Desde su fundación, La Habana no hizo más que progresar a lo largo de los siglos. Su situación geográfica y la presencia en sus costas de la corriente del Golfo la convirtieron en el centro de expansión del proyecto imperial hispánico; hito fundamental de la ruta imperial, base logística y de tránsito durante el proceso de conquista de la Tierra Firme. Como ciudad portuaria, encrucijada de la corriente del Golfo, se impuso como pieza fundamental de la empresa militar- marinera entre América y España. El puerto de La Habana se impuso como escala de la flota imperial que transportaba a la metrépoli las riquezas minerales provenientes del Nuevo Mundo, de allí que se le considerara como la Llave del Nuevo Mundo. Y como bien lo apuntó el historiador cubano Manuel Moreno Fraginals: La Habana fue un fenómeno aparte, cuya relación con el exterior fue mucho más importante que su conexión con el resto de Cuba.

Luego, cuando Cuba se convirtió en el primer país productor de azúcar, el petróleo de la época, La Habana se convirtió en la ciudad más bella de América.

Tras la fundación de la República, La Habana continuó ejerciendo su papel de núcleo económico, y político de la isla, y lugar turístico por excelencia. Pero también, fue un centro dinámico de producción cultural. Valga un ejemplo entre muchos; la emblemática revista Origenes, animada por el grupo del mismo nombre que gravitaba en torno a la gran figura tutelar, también su director, José Lezama Lima.

A partir de 1959, tras la inauguración del período revolucionario, La Habana pierde su sitial de honor y el discurso revolucionario la transforma en la personificación del mal. Blanco de la proyección de los fantasmas propios del puritanismo que suele animar los procesos revolucionarios, La Habana es relegada al estatus de ente femenino al que se le aplica el mismo discurso destinado a las mujeres que se les acusa de llevar una vida disoluta, consideradas de mala vida, pecadoras. A su atractivo, a su prestigio internacional y a su centralidad, se le adjudica la culpa de la decadencia de Cuba. Su protagonismo cultural, sus logros arquitectónicos, son silenciados y se centra el discurso político en el aspecto que privar como imagen : su vida nocturna, sus bares célebres y sus cabarets, sus salas de juego y , sobre todo, la prostitución; que por cierto es una característica de toda ciudad portuaria y lo fue también de La Habana desde la época en que fue el centro portuario de la Monarquía española en América. Acabar con ese foco de inmoralidad se convierte en una forma de legitimación del proyecto revolucionario; argumento, que cincuenta años más tarde, sigue funcionando como legitimador del tipo de Estado y de gobierno que rigen el destino de Cuba, y ello pese al grado alcanzado hoy por la prostitución en La Habana convertida en uno de los grandes atractivos turísticos de la ciudad, ya no practicada por profesionales del sexo, sino por jóvenes adolescentes, todavía estudiantes y de ambos sexos, o por universitarias : actividad que se practica con la complicidad de los organismos policiales.

El papel simbólico adjudicado por el poder revolucionario a La Habana, alcanzó un tal grado de exacerbación que fue en torno a un hecho concerniente, precisamente, a La Habana que estalló el primer conflicto entre el mundo intelectual y el poder revolucionario. Fue a raíz de la proyección del documental de Sabino Cabrera Infante y de Orlando Jiménez Leal, (1961), que muestra el ambiente nocturno de la ciudad en un tono benévolo, - en lugar de crítico como lo exigía la moral revolucionaria-, reñido con el discurso puritano del momento. El documental fue prohibido por la Comisión de Estudios y Clasificaciones de Películas, por nocivo a los intereses del pueblo cubano y a su revolución, provocando una ola de protestas y de controversias.

La crisis entre el poder y los intelectuales suscitada a raíz de ese acto de censura, indujo al gobierno a realizar en la Biblioteca Nacional el famoso "Encuentro con los intelectuales", en donde Fidel Castro pronunció un discurso conocido como Palabras a los intelectuales, que definía la política cultural del país sintetizada en una sola frase: Dentro de la revolución todo; contra la revolución nada que desde entonces fijó la normativa del comportamiento de los intelectuales de la isla.

Desde 1959 se impuso un estilo de vida que regentaba la vida cotidiana de todos los cubano que le daba prioridad al cumplimiento de las tareas revolucionarias que consistían en la movilización permanente del pueblo combatiente a la espera de la intervención norteamericana. (La movilizaci�n permanente es una técnica de esa modalidad del nacional-socialismo que es el castrismo, cuya adaptación a los tiempos actuales, se traduce por la instrumentalización de las normas de la democracia: la movilización electoral permanente, que permite mantener a la sociedad en estado de histeria colectiva permanente, y a la vez legitimar el régimen totalitario.

En 1959, el mantenimiento de la ciudad pecadora, culpable de los vicios del país, no aparecía como una tarea revolucionaria prioritaria, al contrario, había que castigarla.

Algo había en su belleza, en el esplendor de la ciudad que la reina con la idea de revolución y la destinaba a expiar sus encantos convirtiéndose en la maltrecha ciudad de hoy. Jean Paul Sartre, que pasó un mes en la isla en 1960, se hace eco en su célebre reportaje Ouragan sur le sucre, de los prejuicios y reproches que expresaba entonces la elite de la revolución a través de cuyo prisma del filósofo percibió La Habana. Sartre es quien tempranamente expresa lo que a sus ojos aparecía como una anomalía: la arquitectura de La Habana, la exuberancia de su iluminación, su modernidad, chocan sobremanera la sensibilidad del filósofo extrañado por esa ausencia de austeridad propia de las revoluciones, en las que ve una demostración de subdesarrollo, personificación de la condición de semi colonia de la isla hasta 1959. Visión que daba por sentado que semejante acerbo arquitectónico y de modernidad no podía ser obra de un país subdesarrollado, sino de la potencia del Norte.

Cuando se impuso la línea de Ernesto Che Guevara del internacionalismo, de la creación de dos , tres, más Vietnam, el desapego de La Habana, su abandono, cobró una justificación política. El rasgo sobresaliente de la línea de Guevara era la idealización del campo y del guerrillero rural, condicionando el futuro de los centros urbanos a una suerte de ruralismo por decreto.

Durante la fase guevariana, se renueva la campaña de denuncias hacia La Habana, de su capacidad de seducción, considerada nefasta al advenimiento del hombre nuevo que debía surgir de las generaciones de guerrilleros que harán entrega de sus vidas a la causa. El guerrillero es el elegido del pueblo y su vanguardia armada, y es fundamentalmente y antes que nada, un revolucionario agrario, reñido con la vida urbana y debe tener las mejores virtudes del mejor soldado del mundo. Lo rural contrapuesto a la ciudad, lugar de perdición y de aburguesamiento, visión expuesta en la teoría de la guerra de guerrillas.

Tras la muerte de Ernesto Guevara, y el abandono de la línea guerrillera por Fidel Castro, más la necesidad de los subsidios para mantener al país, obligan al Líder Máximo a acatar las directivas soviéticas. Comienza el período de la sovietización durante el cual se da el forcejeo entre dos culturas opuestas. La presencia del estilo soviético, pese a la fuerza de la cultura caribeña, se hacía sentir en la vida cotidiana. Una rigidez desconocida marcaba pautas en el comportamiento cotidiano. Los ministros estaban secundados por asesores soviéticos, como sucede hoy en Venezuela con los cubanos, que parecería se están desquitando con los venezolanos de aquella humillante experiencia.

Tras la desaparición de la URSS, La Habana entra en la era postsoviética. Por primera vez Cuba conoce un fase libre de imperio tutelar. Una orfandad que la obliga a decretar el período especial, pues ya no recibe los ingentes subsidios de la Unión Soviética. Durante este período, según el escritor cubano Antonio José Ponte, la ciudad comienza a recuperar sus hábitos pasados, surge de nuevo el sentido de la fiesta, pero sería una Fiesta vigilada, aludiendo a la vigilancia policial, en un paréntesis de ruinas, refiriéndose al fenómeno de los edificios y casas en ruinas de los barrios de La Habana.

Ponte realiza una radiografia fría, sin piedad de la suerte corrida por la ciudad escombro de una guerra que nunca tuvo lugar y que es menos una ciudad viva que paisaje de legitimación política. Para el autor, las ruinas arquitectónicas son la representación simbólica de la ruina del régimen y de sus gobernantes.

La Habana aparece hoy como el símbolo de la decadencia física de la isla en donde el tiempo de la economía, de la gestión de los problemas cotidianos se detuvo en aras a la realización de una utopía que exigía de la población la movilización permanente a la espera de una guerra que nunca tuvo lugar. Durante cincuenta años la población cubana ha vivido bajo la exacerbación del héroe combatiente, el influjo de la retórica revolucionaria, mientras que hoy, - como declarara hace poco la joven escritora cubana Wendy Guerra, autora de Todos se van, (Bruguera, 2006), vivimos a la espera de que alguien muera.

:: La Habana: Símbolo de la debacle del castrismo

Sepa quien es Elizabeth Burgos en Venezuela Analítica.com

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